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Índice de artículos

Trivialización de la muerte
25 de noviembre Día Internacional de la No Violencia en contra de las mujeres
Evitemos la lapidación

Acosa el poder
Lo espiritual es político

Trivialización de la muerte

Ana Helena Chacón Echeverría, Diputada

Al abrir un diario de circulación nacional leo estupefacta la trivialización del abuso sexual contra las mujeres como la más consolidada vía de mercadeo y ventas, por ejemplo: "Acusan a jefe de clínica por bajarle los calzones a compañera" Paralelamente, otro medio destaca el crecimiento de la agresión contra las mujeres, a tal punto que al 13 de diciembre de 2006, se tienen 67 mil denuncias y 47 mil medidas cautelares en lo que va del año. ¡Menuda neutralización del horror!

Este fenómeno ha transformado a la sociedad para que la cotidianidad del abuso y el crimen de mujeres no cause asombro. Así, al perderse esa capacidad, el tema no interese a quienes ocupamos cargos de elección popular pues no es políticamente vendible el impulso de políticas públicas para instrumentar la lucha contra este mal.

Hoy, la atención está centrada en el TLC, en tanto, lo que pase con las mujeres siempre que no sean figuras destacadas del medio, deja indiferentes a casi todos. Pienso entonces que el esfuerzo que escritoras nacionales como Tatiana Lobo Wiehoff han hecho por medio de obras como "El año del laberinto", pasan sin pena ni gloria por los estantes de las librerías y ni siquiera son reparadas por los ya escasos lectores que existen. ¿Damaris Guzmán Espinoza de Pococí quien fue asesinada el lunes 11 de diciembre, murió en vano?, ¿cómo se van a comportar las mujeres y hombres del mañana ante esta problemática al estar condicionados por titulares inconvenientes como el apuntado? Aquí señalo dos arbitrariedades: una, el femicidio y otra, el que las mujeres no tengan el derecho a decidir el número de hijos que deseen tener y el distanciamiento entre cada parto.

La protagonista de la novela de Lobo nos clama diciendo: "Pude haberme muerto en alguno de mis once partos y ninguna ley ni juez hubiera señalado a Armando como responsable. -(se trata de su marido y asesino)- Hay crímenes que nunca tienen castigo. Nunca me preguntó si yo quería tener tantos hijos" "Quien me quitó la vida no tenía cólera ni sentimiento alguno. Fue una acción fría, desapasionada. Me mataron como matan los ladrones, para eliminar el escollo que se interpone entre su deseo y el objeto de su deseo"

Para dejar más clara nuestra posición de búsqueda de eco para luchar juntos contra el abuso y la muerte, quiero comunicar que no estamos derrotados aún. Hay valientes diputados en la Asamblea Legislativa que se solidarizan alrededor de la concientización respecto de esta tragedia, pero tenemos que unir esfuerzos porque más allá de un equilibrio macroeconómico, necesitamos una sociedad sana para que no se vuelva enemiga de sí misma, provocándose un efecto perverso al institucionalizar la impunidad.

¡Reaccionemos, reformemos y aprobemos las leyes que haya en relación con la protección de la vida y acompañemos a las mujeres, instituciones y organizaciones no gubernamentales que luchan porque exista calidad de vida en este país!  (arriba)

25 de noviembre Día Internacional de la No Violencia en contra de las mujeres

El 25 de noviembre es una fecha que hace memoria a las hermanas Patria Minerva y María Teresa Mirabal, militantes del Movimiento 14 de Julio y conocidas en su trabajo clandestino como MARIPOSAS 1, 2 y 3, quienes combatieron la dictadura de Trujillo en la República Dominicana, a causa de lo cual fueron violadas y asesinadas en 1960, crimen que aceleró la caída de la dictadura.

Haciendo homenaje a estas mártires es que en el Primer Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe (Colombia, 1981) se decidió declarar el 25 de noviembre como Día Internacional por la no violencia contra las Mujeres.

Se acordó, además, hacer cada 25 de noviembre, una campaña especial de denuncia de la agresión que vivimos las mujeres en los diferentes países. A partir de entonces, en América Latina y el Caribe, sumándose gradualmente muchos otros países se ha venido celebrando esta fecha. En el año 2000, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acogió oficialmente el 25 de noviembre, como Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres.

En Costa Rica, en 1998, varias organizaciones de mujeres se reunieron para hacer denuncia pública sobre la violencia de que son víctimas. En 1991 se llevó a cabo la primera marcha hacia la Plaza de la Democracia, actividad que se ha venido extendiendo a las diferentes provincias.

A pesar de los escasos datos debido al subregistro existente, que no permite conocer con exactitud la verdadera dimensión de la violencia contra las mujeres, precisamente, una investigación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), afirma que la principal debilidad para combatir la violencia contra las mujeres, es no aceptar que somos un país con niveles preocupantes de agresión hacia las mujeres. 

A pesar de que diversos instrumentos de derechos humanos consideran la violencia de género, como violación de derechos humanos, según la encuesta realizada por el Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM) de la Universidad de Costa Rica, pone en evidencia que la violencia de género es un problema social de gravísima magnitud, pues indica que el 67% de mujeres  costarricenses la sufren. Dicho estudio se aplicó a una población de mujeres con edades de 15 a 75 años.

A estos escalofriantes datos, hay que añadir los “femicidios” es decir los asesinatos de mujeres no por crímenes comunes, sino aquel asesinato a manos de esposos, compañeros sentimentales o novios, que es la forma más extrema de violencia y que, este año, sobrepasó en mucho el promedio de dos mujeres muertas por mes.

Si bien la erradicación de la violencia en contra de las mujeres es un desafío cultural de largo plazo, la realidad nacional impone que esta debe convertirse en eje central de una verdadera transformación educativa y cultural que permita superar los contravalores que sustentan el patriarcado y la violencia estructural; es decir, el daño derivado de los efectos de la forma en que se organiza la economía y que en la actualidad toma ribetes más graves con la amenaza de la aprobación del TLC-USA, que afecta de manera especial a las mujeres. Por lo que es necesario fortalecer el trabajo preventivo en el hogar, la escuela, colegio, las universidades, las iglesias y los medios de comunicación.

En este Día Internacional de la No Violencia en contra de las Mujeres, unimos nuestras voces para exigir un mundo sin violencia y sin discriminaciones de ningún tipo.

Creemos que el profesorado puede y debe jugar un papel protagónico en este campo. Instamos a compañeras y compañeros a solidarizarnos con las familias de las víctimas y a sumarnos al compromiso de lucha contra la violencia de género; pues nuestro grito debe sumarse al de otras mujeres y hombres por la construcción de la esperanza: un mundo de equidad, de paz y de solidaridad entre todas y todos.

Emelda Navarrete D.
Secretaría de la Mujer
APSE 
(arriba)

Evitemos la lapidación

Octubre, 2006
Querido amigo,
Querida amiga,

Parisa, Iran, Khayrieh, Shamameh, Kobra, Soghra y Fatemeh son siete mujeres iraníes condenadas a morir lapidadas. Quizá no tengamos mucho tiempo para actuar.
La República Islámica de Irán trata el adulterio como un delito castigado con la pena de muerte por lapidación, violando el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que garantiza el derecho a la vida y prohíbe la tortura.
Parisa, Iran, Khayrieh, Shamameh, Kobra, Soghra y Fatemeh han sido injustamente condenadas a la pena más cruel, inhumana y degradante, la de la pena de muerte.
Pero aún estamos a tiempo de parar su ejecución. Sabemos que podemos contar contigo.
No te quedes en silencio.
Alza tu voz para intentar salvarlas. Actúa en este enlace:

http://www.xprofiler.ch/dispatcher/service?dt=61108154608773058&l=es&o=0&a=61108175521224145

Gracias por tu apoyo,
Esteban Beltrán
Director - Amnistía Internacional 
(arriba)

Acosa el poder

Tatiana Lobo

El acoso sexual rara vez proviene de mujeres, estadísticamente es masculino. Y tan es así que cuando he comentado con algunos amigos la vileza de estas acciones, advierto que aún en casos de hombres que considero libres de toda sospecha, aparece una sonrisa o una mirada jocosa apenas contenida.

¿Qué es lo divertido? ¿Dónde está el chiste? Hay que buscarlo en la cultura, en la educación sexual y en la licencia que la construcción de la masculinidad otorga a los varones llevándolos a un presupuesto que en su misma fórmula ya es abusivo:” tienes que querer porque yo así lo quiero”.

Entonces sucede que un cierto varón, (muy cariñoso, dicen), se sorprende que una mujer arrinconada en la pared se niegue a devolverle un beso y alegue su condición de mujer casada para contenerlo. Mojigata, claro, puritana, por supuesto. Al señor no se le pasa por la cabeza que ella no lo desea, no le da la gana, no se excita, para decirlo claro. Para el acosador esto es inadmisible, cree que toda mujer se vuelve loca de gratitud cuando un hombre la invita a la cama. Es más, es un honor, un homenaje. A las feas, pobrecillas, nadie les hace propuestas tan halagadoras.

En el juicio de Nüremberg un nazi, sorprendido, le decía a sus jueces “!pero si yo solo maté judíos!“ Los acosadores desenmascarados también se sorprenden “!pero si yo sólo quería acostarme con ella!” Pero se da el caso de que los judíos no querían morir en los campos de concentración y las mujeres no quieren acostarse con un hombre que no les gusta. De acuerdo, la comparación es hiperbólica, existe un trecho bastante largo entre unos y otras, el del derecho a la vida. Pero el principio de abuso de poder, de someter, de humillar, de violentar la voluntad de la otra parte, de disponer del cuerpo ajeno, es el mismo.

La aceptación legal de que el acoso sexual es un atropello es muy reciente. Será necesario un gran esfuerzo para que finalmente se logre hacer respetar la frontera que marca la negativa. Hay que comenzar por las mismas mujeres, deben aprender a diferenciar entre un coqueteo y la dominación; deben aprender a legitimar su rechazo; deben saber que si no les gusta la propuesta y pese a ello el otro insiste, son víctimas de ultraje.

Cuando al acoso se suman la amenaza y el amedrentamiento, es signo de que el acosador se valora como cazador y a la acosada como su presa. No procede con ingenuidad ni por ignorancia, está perfectamente claro que avasalla, no se confunde. El acosador chantajista, como el que soborna, se escuda en el poder que tiene y se aprovecha de la indefensión de su víctima. Hay premeditación y hay alevosía.

La solidaridad entre mujeres no es mecánica, depende de sus niveles de consciencia y también de la posición que ocupan en las estructuras de poder. Las diputadas que defendieron a su colega en el último escándalo de este tipo protegen un sistema autoritario que ellas avalan y comparten, es el mismo sistema que nos quiere doblegar ante el TLC.

El abuso es abuso en cualquier parte, como el no es NO bajo cualquier circunstancia.  (arriba)

Lo espiritual es político

Por Alda Facio

Introducción

Desarrollé las ideas presentadas aquí en un largo diálogo con Paquita Cruz en diciembre del 2002 para el 9o. Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, cuyo tema central era la globalización neoliberal.1 Ese diálogo abarcó temas más allá de la globalización pero decidí concentrarme en ese problema y lo que pienso que los movimientos feministas deberían hacer  para resistirla por cuestiones de espacio.   Cuando comencé a escribir este artículo, la guerra ilícita e inmoral contra Irak no había empezado. Sin embargo decidí seguir pensando lo espiritual frente a la globalización neoliberal porque desde mi punto de vista la mentalidad que ha creado esta globalización es la misma que se adjudica el derecho a matar a millones de seres en nombre de la ‘seguridad nacional’.

La globalización y su impacto en las mujeres

La globalización no es un fenómeno nuevo. Hace más de cinco mil años se inició el proceso de globalización del patriarcado con tanto éxito que hoy en día se puede decir sin temor a equivocarse, que el patriarcado está totalmente globalizado en el planeta Tierra. La globalización económica tampoco es un nuevo proceso. En los pasados cinco siglos, los países económicamente más fuertes han impuesto su modo de ver el mundo a través del comercio y las “actividades productivas” a los territorios “descubiertos” y/o “colonizados” Es más, la estrategia de “globalizar” políticas, economías, sistemas, creencias, etc. no es nueva ni ha sido usada sólo para la imposición o la dominación. Los movimientos socialistas, pacifistas, anti-colonialistas, por los derechos humanos, feministas, etc. de siglos pasados han tenido vocación a la globalización de sus anhelos, sólo que no la llamaban así.

Por eso, la estrategia neoliberal de denominar “globalización” al proceso por el cual han logrado derrumbar las barreras económicas nacionales, empoderando como nunca antes a las empresas e instituciones financieras transnacionales, es tan eficaz. Y es tan exitosa porque los ideólogos del neoliberalismo nos han hecho creer que la “globalización financiera” trata del  ‘intercambio’ gratuito de personas, bienes y servicios y constituye progreso para el beneficio de la humanidad. También nos han hecho creer que la globalización es sinónimo de la tecnología que la hizo posible y que no podemos beneficiarnos de la misma al mismo tiempo que hay protecciones contra el flujo de capital al interior o al exterior de los países pobres.   Además, sus estrategias son más exitosas porque han hecho de la globalización un sinónimo de libertad, progreso, recreación y bienes. Pero la globalización que conocemos, la que se ha podido desarrollar a finales del siglo XX y principios del XXI es la globalización neoliberal. Lo que realmente está mundializado es el mercado. Lo único que circula libremente es el capital. Es decir, la globalización financiera imperialista es la única que es total, mientras la globalización de las mercancías, productos o servicios es parcial y la de las personas es casi inexistente.

Por ejemplo, cada mes se oye hablar de ‘espaldas mojadas’ que son abusados o abandonados a su suerte por ‘coyotes’ en su intento por entrar a los Estados Unidos o a Europa. La mera existencia de estos coyotes es prueba de que no existe libertad de migración para la mayoría de las personas pobres. En nuestra región, a miles  de colombianos y nicaragüenses se les niega la entrada a Costa Rica, a los Estados Unidos o a cualquier otro país de los que se han convertido en un “paraíso” para migrar lejos de la guerra, la pobreza o la violencia.  Y sin embargo, los tratados de libre comercio que los Estados Unidos está imponiendo a nuestros países no liberan las fronteras de ese país para que los pobres puedan migrar sin obstáculos, pero sí insisten en el libre flujo de capital. La liberalización financiera ha sido el sello de la globalización neoliberal, debido principalmente a la ‘asesoría’ de las instituciones financieras internacionales y a la idea promovida por los economistas neoliberales, de que habrían grandes beneficios para las naciones en ‘desarrollo’ derivados de la apertura de los flujos del capital internacional a los países en desarrollo. Y aunque la crisis económica Asiática 2 demostró los peligros del libre flujo del capital, los negociadores comerciales continúan insistiendo en esto. 3

Esta  globalización  financiera neoliberal es a lo que me refiero cuando hablo de la pesadilla de la globalización para las mujeres.  Aunque hoy en día las mujeres estamos más pobres, y somos las más violentadas y alienadas gracias a la globalización, varias feministas piensan que tenemos que ‘verle su lado amable’, porque nos han vendido la idea de que estar contra la globalización es estar contra el progreso. Pienso que es hora de que le pongamos apellido a este proceso de globalización para que entendamos que no tiene lado amable ni ha producido ningún beneficio para las grandes mayorías. La globalización que existe es la globalización capitalista en su fase neoliberal. Este apellido es importante porque si decidimos oponernos o resistirla, sepamos con claridad a qué es lo que nos oponemos.

Cuando algunas personas identifican una serie de factores y de procesos implicados en la globalización, hay que saber que el Internet, los avances científicos, los movimientos sociales, las luchas ambientalistas, el pacifismo, el feminismo, etc. no son internacionales gracias a la globalización; son internacionales contra ella, a pesar de ella y/o antes de ella. Pensemos, si no, en el VIH/SIDA. Es gracias a investigaciones feministas y el uso del Internet que hoy sabemos que esta pandemia está afectando mayoritariamente a las mujeres. Es gracias a los avances tecnológicos y científicos que hoy podríamos acabar con ella. Pero es gracias a la globalización que unas cuantas transnacionales tienen el poder de anteponer su avaricia frente a esa posibilidad impunemente. ¿Por qué? Porque, gracias a la globalización neoliberal, no es un crimen de lesa humanidad hacer mucho dinero a costas de la vida de las grandes mayorías negando las medicinas necesarias a quienes no tienen cómo pagarlas

Es más, la globalización ha permitido que el país que cuenta con el mercado más fuerte de bienes intangibles y un sistema militar para respaldarlo, sea entendido como líder en cuestiones que nada tienen que ver con su poderío económico-militar. Así los sistemas político, legal y educativo de ese país son vistos como modelos a emular, pese a que en ese país el actual presidente no fue electo por la mayoría de los votantes; las cárceles están llenas de personas pertenecientes a minorías étnicas; las mujeres no cuentan con licencias pre y post natales, y el mayor acceso a la educación superior no está produciendo más mujeres solidarias con las mayorías excluidas de los supuestos beneficios que estaría produciendo el actual sistema, sino más mujeres que gozan de los privilegios que otorga esa globalización, a costas de millones de mujeres que no pueden ni tan siquiera aspirar a recibir una educación básica. En un mundo cada vez más crítico de lo que emana de ese centro de soberbia, arrogancia y despotismo, que se ha erigido en gendarme del mundo, muy poco se cuestiona su tecnología, su ciencia, su medicina y sus planes Colombia5, que sólo en apariencia nos han dado más ocio, libertad, salud o paz.

La globalización no ha significado progreso 6, ni interdependencia, ni igualdad, ni paz, ni felicidad para la mayoría de la población mundial. Menos para las mujeres, que – como ya se ha probado y recomprobado en demasiados estudios e investigaciones realizadas por instituciones académicas, de desarrollo, de derechos humanos, de mujeres, etc. 7 – están peor que nunca. 8 Entonces, ¿por qué es que el movimiento feminista, como tal, no tiene un planteamiento y estrategias consolidadas para combatir este proceso llamado globalización, cuyo impacto más contundente ha sido la imposición de una cultura necrófila y misógina por todo el mundo?

Creo que una respuesta, entre muchas otras posibles, es que el movimiento feminista, al menos el que más conozco, que es el interamericano, se desrumbó, perdió su norte y se durmió en sus laureles.  Perdió su camino y se hizo cómplice de sus éxitos pasados en relación con el estado.  Pienso que se le borró el objetivo, porque en su afán por eliminar la discriminación que sufrimos todas las mujeres de distintas edades, razas, clases, habilidades, etc. hemos pensado únicamente en lo ‘posible’ dentro del Estado.  Hemos cesado de soñar en mundos nuevos. En este esfuerzo de trabajar en los parámetros de lo posible, incluimos a todas las mujeres, independientemente de si se identificaban con el feminismo o no. Y lo hicimos a tal punto que hoy en día se puede ser feminista y también estar en la junta directiva del Fondo Monetario Internacional, en la presidencia de un partido neoliberal o al mando de un pelotón del ejército. Este es un problema crucial. No estoy diciendo que las mujeres en esos puestos no puedan ser feministas o no deberían ser feministas. Tan solo digo que si el feminismo es algo tan difuso y abstracto que puede dar cabida a una ideología como el neoliberalismo que es responsable del empobrecimiento de millones de mujeres, matando y mutilando a miles y haciendo la vida más difícil para la mayoría, entonces tenemos un problema.  Y si tenemos un problema, tenemos que enfrentarlo en lugar de pretender que no existe.

Es más, yo digo que nos dormimos en nuestros laureles porque, aunque hemos logrado bastante, muchas nos hemos creído el cuento de que los logros dentro de la estructura actual es lo que necesitábamos para acabar con el patriarcado. Es innegable que, en las décadas de 1980 y 1990, este movimiento tuvo increíbles logros en la esfera pública: formal reconocimiento de la violencia de género como problema social y violación de los derechos humanos; derogación de casi todas las leyes abiertamente sexistas; más mujeres en casi todos los niveles de toma de decisiones y la creación de los ministerios o secretarías de la mujer; promulgación de leyes y convenciones con perspectiva de género; conferencias internacionales y regionales que adoptaron plataformas de acción que, de cumplirse, acabarían con la discriminación y explotación de las mujeres por ser mujeres, etc. Y, en la esfera privada, también tuvo algunos logros para algunas mujeres: más libertad de expresión, más posibilidades de moverse, más caminos abiertos a más mujeres.

Pero insisto en que el movimiento se durmió en sus laureles porque también es innegable que la violencia de género no sólo se ha incrementado, sino se ha sofisticado; que la justicia sigue siendo androcéntrica a pesar de todas las derogaciones, capacitaciones, innovaciones y convenciones con perspectiva de género; el poder sigue siendo masculinista aunque ahora se pinte las uñas; y la pobreza sigue siendo una chicana, mulata, negra o indígena, aunque hayamos logrado que el discurso de la diversidad sea asumido hasta por nuestros enemigos. Y aunque para algunas hay más libertades, también es cierto que hoy casi todas las mujeres somos prisioneras de la moda, o la publicidad, o los fundamentalismos o las drogas legales e ilegales y hasta de la misma “libertad sexual” y “avances” científicos y tecnológicos que nos insisten que somos seres siempre enfermas, malolientes, demasiado gordas y de la edad, color, pelo y personalidad equivocados.

No estoy diciendo que el deterioro o la falta de avances se deban únicamente a nuestra complacencia con nuestros éxitos pasados dentro del movimiento de mujeres. De hecho, se deben probablemente sobretodo a estrategias ineficaces, y todavía más, a fuerzas externas más allá de nuestro control. Sin embargo, pienso que existe un elemento de complacencia cuando no vemos la necesidad urgente de unirnos contra esas fuerzas externas, o de cuestionar o analizar nuestras estrategias con el fin de implementar unas nuevas, o incluso algo más urgente, cuando hemos decidido que lo personal no es político. En lugar de reevaluar nuestros objetivos, estrategias e identidades, continuamos apoyando las estrategias hacia el Estado que fueron exitosas en el pasado. En mi opinión eso es dormirnos en nuestros laureles.

Por eso pienso que tenemos que re-construir un movimiento capaz de enfrentar los viejos y nuevos retos de la globalización neoliberal. En los párrafos que siguen quisiera delinear algunas ideas sobre cuál es el movimiento que necesitamos para lograr los ideales del feminismo o, al menos, los que yo considero son sus ideales. Sobra decir que estas ideas están basadas en mis opiniones y sentimientos personales, no son verdades grabadas en piedra. Por supuesto, estas ideas las he desarrollado gracias a la aportación de muchas mujeres y, obviamente, no pretenden ser excluyentes, y tampoco una lista cerrada. Al contrario, espero que estas ideas generen mucho debate amoroso que nos ayude a todas a crear estrategias más armoniosas, eficientes y efectivas.

Por ‘debate amoroso’, entiendo que aunque muchas mujeres podrían estar en desacuerdo conmigo, podrán ser capaces de decirlo con amor, y no acusarme  de ser lo esto o lo otro, y no leer mis opiniones como una imposición. Espero también que seré lo suficientemente abierta, flexible y segura para escuchar estos desacuerdos de tal forma que pueda yo reformular mis ideas sin sentirme disminuida o equivocada en un cierto sentido. He visto demasiadas reuniones en las que una oyente acusa enojadamente a la que habla y ella se pone tan a la defensiva que no se logra nada excepto reforzar el patriarcado, conforme las mujeres continuamos siendo nuestras propias enemigas. Esencialmente, sugiero que este tipo de debates requiere plantearnos preguntas y contestarlas desde un corazón amoroso  y desde un espacio emocional que este libre de prejuicios y reproches. Esto no es fácil porque como mujeres hemos sido indoctrinadas a desconfiar unas de otras y con la idea de que las mujeres somos siempre culpables de algo.

Lo espiritual es político

Creo que la tarea más urgente que tenemos que hacer para lograr un movimiento capaz de enfrentar los embates de la globalización de la cultura capitalista en su fase neoliberal es re-crearnos, redefinirnos y reafirmarnos como seres sentipensantes, autónomamente interdependientes y finitamente eternos. Seres capaces de pensar amorosamente, vivir el ahora sin desconocer el pasado ni olvidar el futuro, sintiéndonos únicos a pesar de ser unas con el todo.  Esto, creo yo, es espiritualidad.

En vez de que nuestra comprensión de nosotras mismas avance en esa dirección espiritual, la publicidad de las grandes transnacionales ha creado una cultura global en la que necesitamos consumir y acumular para llenar el vacío de nuestras vidas. Nos ha convertido en personas que nos sentimos tan alienadas, fragmentadas y aisladas de nuestro ser interior, que buscamos, en la acumulación de objetos, conocimiento y poder, llenar ese vacío que sentimos. Por eso pienso que lo espiritual es tan político en esta era. Lo espiritual es transgresor a los mandatos del mercado porque tiene que ver con la plenitud interior, con el diálogo que establezcamos con nosotras mismas. Lo espiritual tiene que ver con un estado de ultra conciencia que nos permite ver y entender quiénes somos realmente. Mi sugerencia para los movimientos globales de mujeres, es así mismo el buscar una espiritualidad feminista y desarrollar una ‘ultra conciencia feminista’.

Esta ultra conciencia  feminista va más allá de una conciencia feminista, que es entendida como un estado mental que nos permite ‘ver’ el sexismo. Una ultra conciencia feminista nos permitiría ver no únicamente el sexismo en las estructuras sociales, pero también la manera en que el sexismo opera en nosotras mismas y se encuentra relacionado con todas las otras formas de opresión. Nos permitiría ver las energías fluyendo hacia dentro y fuera de las opresiones, de manera que no reproduzcamos esas energías en nuestras soluciones. Por ejemplo, la energía que emana de la violencia de género hacia las mujeres es misógina y la energía que emana de la misoginia es odio por el sexo opuesto.    Si la solución que proponemos para la violencia de género es solamente o principalmente el castigo de los perpetradores, sin consideración o compasión para con su construcción como hombres, ¿no sería esto lo equivalente a ‘odiar a los hombres’? ¿No son estas energías similares? ¿No deberíamos tratar de encontrar una solución que fluya con una energía diferente? ¿Qué les parece amor o compasión o perdón? No son fáciles, pero probablemente son necesarias.

Cuando hablo de que necesitamos una espiritualidad feminista NO estoy hablando de una religión en sí misma.  Definitivamente NO estoy proponiendo la creación de autoridades religiosas femeninas, o rezarle a una diosa en vez de a un dios, pues estos no son actos políticos per se.  Por supuesto que quien quiera hacerlo está en su derecho, pero ésa no es la espiritualidad de que hablo cuando digo que lo espiritual es político. La espiritualidad política es la que nos permite re-crearnos como seres interdependientes e infinitos, capaces de enfrentar cualquier imposición de afuera con una valentía creativa. Tenemos que ser valientes y creativas en la travesía para discriminar entre  nuestro condicionamiento y nuestros verdaderos sentimientos.   Es este viaje caminaremos por tierras solitarias y desconocidas y por eso necesariamente tendremos que apoyarnos las unas en las otras y en los hombres solidarios. Como dije antes, la espiritualidad tiene que ver con un estado de ultra conciencia feminista que nos permita ver a la mujer que somos; necesitamos quitarnos miles de años de adoctrinamiento en valores y formas de entender la realidad patriarcal. Es necesario, identificar cuáles son nuestros verdaderos sentimientos y cuáles son los que nos han enseñado a sentir.

Necesitamos encontrar ese estado de ultra conciencia que nos permita tanto amar con la razón como entender con el corazón, para deshacer las falsas dicotomías en que nos ha dividido la ideología patriarcal. Con esta conciencia nueva podremos sentir y pensar el mundo de maneras nuevas, lo que nos llevará a imaginar, soñar y crear otras actitudes hacia todo lo que nos rodea. Esto a su vez nos irá construyendo otros estilos de vida, menos consumistas, más sororales. Estilos de vida respetuosos de los otros seres que habitan este planeta y también amoroso.  Nos permitirá encontrar formas de ‘ser en nuestros cuerpos’, en lugar de tratarlo como un objeto en el que habitamos.

Una certidumbre que se aclara cada vez más en esta era de globalización neoliberal, es que necesitamos otras actitudes y valores para poder resistir.  No podemos seguir entre la disyuntiva de asumir lo masculino como nuestro o presumir de lo femenino como superior. Tenemos que poner fin a la dicotomía masculino/femenino, con actitudes y valores realmente inclusivos. Necesitamos otros estilos de vida que no sean tan violentos y misóginos. Definitivamente necesitamos más amor, más perdón, más tolerancia en nuestras vidas.

Creo que la lucha contra la globalización puede ayudarnos a encontrar esos valores que tanto necesitamos recuperar, esas nuevas actitudes y estilos de vida que tenemos que adoptar si queremos seguir existiendo en este planeta. Pero también tenemos que recordar que no sólo somos personas dentro del mundo globalizado, sino mujeres a las que la globalización está empobreciendo, violentando y fragmentando.  No podemos unirnos a la lucha contra la globalización neoliberal así nomás. Tenemos que crear un movimiento feminista fuerte, que tenga algo que aportar a esa lucha, y que en ese aporte estén su poder y su fuerza.

Para recuperar y recrear el femenino sobre lo cual podemos basar nuestra contribución a la lucha contra la globalización neoliberal, tenemos que volver a mirar hacia los inicios del patriarcado.  Sabemos que en la prehistoria, es decir, en los tiempos pre patriarcales, la divinidad era una mujer.   Entender cómo hicieron los primeros patriarcas para reemplazar a la diosa nos puede dar una pista de cómo recuperarla y re-crearla. No para adorarla como a un dios, sino para recuperar nuestro amor por lo femenino y todo lo asociado con ello, como el cuidar, nutrir, dar, etc. Para recuperar y recrear lo femenino, tenemos que volver nuestros ojos al comienzo del patriarcado. Se sabe que una de las estrategias de los patriarcas fue arrancarles a los cuerpos femeninos, capaces de dar vida, su sentido trascendente y espiritual. Así, el cuerpo se vio y se entendió como desprovisto de toda sacralidad, mientras que el alma se consideró depositaria de lo divino, espiritual y superior. Las religiones pre-patriarcales, que tenían diosas entre sus divinidades, no hacían esta distinción. Para ellas, el cuerpo era sagrado, porque era uno con el espíritu o alma; y, por ende, los cuerpos femeninos, capaces de dar vida a otros seres humanos, eran considerados divinos. Y como el cuerpo era sagrado, el placer también lo era. Pero las religiones patriarcales nos quitaron no sólo la capacidad de trascendencia, sino la de sentir placer sin culpa.

De nuevo necesitamos de lo espiritual para crear un movimiento feminista que ofrezca placer a las mujeres: placer en el sexo, en el cuerpo, en la mente y en el alma; pero también en el trabajo y en el activismo. Necesitamos un movimiento alegre, feliz, placentero y eficiente. No necesitamos un movimiento que se mate trabajando, sino un movimiento que baile, ría y goce creando coreografías contra la globalización. La espiritualidad feminista, al contrario de la que crearon los patriarcas, no niega el placer; más bien nos ilumina sobre las millones de maneras de disfrutar cada segundo de la conciencia, del trabajo, del activismo, de nuestro poder y, especialmente, de nuestros cuerpos.

La espiritualidad feminista también nos enseña que el placer no se puede acumular, ni repetir, ni vender ni poseer y que, por lo tanto, como no es una mercancía, no le interesa a la globalización neoliberal. Por eso, sentir placer, ser feliz, bien podría ser nuestra mayor rebeldía contra el orden económico neoliberal. ¿Por qué? Porque una cultura basada en la economía de mercado tal como la que la globalización nos ha impuesto, requiere de personas que compren, compren y compren. Si una persona está feliz con lo que tiene  y con lo que es, compra menos. Por lo tanto, es lógico asumir que una economía de mercado necesita personas que sean infelices con lo que son y lo que tienen. La estrategia es hacernos sentir infelices, sin valor, sucias, enfermas, ignorantes y dependientes, de manera que podamos comprar cosas que nos hagan sentir limpias, sanas, libres e independientes. Solo hace falta ver los anuncios en la televisión para entender esto.

Asimismo, lo espiritual es político porque dependiendo de cómo una persona se ve a sí misma y comprende la realidad, es como una persona se comporta. Si nos vemos como víctimas de los hombres, nos comportaremos con venganza; si nos vemos como superiores, nos comportaremos como los hombres lo han hecho con nosotras. Si creemos que sólo somos carne sin espíritu, o si creemos que hay un dios y que éste está fuera de nosotras, seguramente no podremos sentir plenamente la alegría y el dolor ajenos. Pero si nos vemos como expresiones distintas de una misma energía o divinidad, nos comportaremos con el amor y el respeto que esta conciencia nos da. ¡Y esto sí es político!

Consideremos por ejemplo la violencia contra las mujeres en la esfera doméstica. En América Latina el énfasis se ha puesto en la criminalización de la violencia doméstica y por muchos años el movimiento de mujeres ha dedicado la mayoría de su energía en esto.  Para mí, esta es una estrategia poco efectiva a largo plazo porque surge del deseo de castigar a quienes nos lastiman, lo que al final es realmente un deseo de venganza.  El castigo y la venganza para los abusadores domésticos, como el castigo y la venganza para los terroristas, producirán únicamente más violencia. Necesitamos encontrar estrategias que surjan de un espacio espiritual que fluya con compasión y entendimiento, incluso hacia aquellos que nos violentan, para poder terminar con esta violencia.

Entonces, ¿cuál podría ser una mejor estrategia? Sé que criminalizar este problema no terminará con él.  Pero no tengo la respuesta.  Sin embargo, pienso que debemos aprender a escuchar lo que las mujeres victimas de violencia doméstica quieren. Tenemos que sentir respeto hacia ellas y entender sus necesidades, pero antes que nada tenemos que vernos a nosotras mismas y entender lo que queremos. ¿Queremos venganza? ¿Queremos que las agresiones sean castigadas a cualquier costo debido a nuestras propias necesidades como victimas también? Pienso que deberíamos cuestionar nuestros motivos y preguntarnos: ¿Estamos comprometidas con esta estrategia porque realmente pensamos que terminará con la violencia, o no somos capaces o no queremos dar tiempo y energía para terminar la violencia a través de estrategias más difíciles y que consumen mucho más tiempo?

Hacia un movimiento feminista espiritual contra la globalización

Es cierto que frente al patriarcado necesitamos políticas de género que alivien la pobreza y la violencia contra las mujeres. Pero esta fase del patriarcado que nos está trayendo la globalización militarizada requiere además de estrategias diferentes, pues en realidad la mayoría de nuestros Estados ya no tienen mucho poder ni son capaces de solucionar ningún problema. Además, la globalización es un proceso que no hemos decidido las ciudadanías, sino unos cuantos hombres billonarios disfrazados de mercado libre. Por eso, en él las políticas nacionales tienen cada vez menor importancia porque el mercado está fuera del alcance de la política. Entonces, ¿será realmente a través de la política tradicional que acabaremos con la discriminación y explotación de la mayoría de las mujeres? ¿Qué retos específicos plantea la globalización a las mujeres y cómo los podríamos abordar?

Estoy convencida que necesitamos un movimiento feminista que no busque el mismo poder que los hombres han ejercido, sino uno que valore el poder que se encuentra en el amor a la vida, en la amistad y la sororidad. En las décadas de 1960 y 1970 nos reuníamos en grupos de apoyo para tomar conciencia sobre nuestra situación como mujeres en el patriarcado y buscar lo femenino que el patriarcado había invisibilizado y trivializado. Hoy necesitamos un movimiento compuesto por miles de grupos de mujeres dispuestas a soñar y construir la posibilidad de crear otro mundo porque, como dice el movimiento más revolucionario de este nuevo milenio: “otro mundo es posible” A la luz de estas palabras, quisiera sugerir que necesitamos formular nuestras estrategias contra la globalización.

Para (re)-construir el movimiento feminista de cara  a la globalización neoliberal, un paso  fundamental será el de cesar de hablar en abstracto y utilizar esta nueva conciencia feminista de la que he estado hablando para darle contenido a conceptos como ‘amor’ ‘sororidad’ y ‘amistad.’ Esto implica sentirlos y darles espacio, no sólo en nuestras relaciones interpersonales cotidianas, sino también en nuestras acciones públicas.

Por ejemplo, en nuestras acciones públicas necesitamos continuar denunciando la discriminación y la violencia que como mujeres enfrentamos cotidianamente, pero necesitamos también celebrar nuestras vidas, nuestras amistades, nuestra historia, con festivales de arte, con carteles, conciertos, poemas y teatro. Necesitamos visualizar una vida sin discriminación y sin violencia.  Necesitamos crear utopías feministas que describan en detalle como sería una sociedad sin sexismo. Y definitivamente necesitamos además reírnos de nuestras propias faltas y aprender de ellas.

El contacto con nuestra espiritualidad nos puede ayudar además a tener relaciones amistosas con toda la gente sin perdernos a nosotras mismas, lo cual es esencial  en la construcción efectiva de un movimiento contra la globalización. Desarrollar relaciones amistosas entre todas las feministas implica cambiar nuestras actitudes y creer en nuestros propios discursos. Estoy hablando de tratarnos como amigas en vez de envidiarnos, maldecirnos, traicionarnos, engañarnos y maltratarnos. Estoy hablando de creernos las unas en las otras. Una vez más, con una espiritualidad feminista podríamos lograr que, en vez de estar divididas por la desconfianza y los celos, podríamos llegar a un verdadero entendimiento de lo que siempre hemos dicho: que lo que es realmente bueno para vos es bueno para mí. 

Juntas necesitamos construir un movimiento feminista compuesto por mujeres comprensivas, compasivas, leales y respetuosas.  Necesitamos reconocer las distingas capacidades que cada mujer tiene y, por ende, conscientes de que los liderazgos son múltiples. Necesitamos un movimiento feminista dispuesto a ser uno de los líderes del movimiento contra la globalización neoliberal. Esto implica que tenemos que reconocer que aunque todas somos sobrevivientes increíblemente capaces del patriarcado globalizado, hay unas mujeres más capacitadas que otras para el tipo específico de liderazgo que se requiere para ser parte de ese movimiento.  Es vital entender esto: el que reconozcamos que una mujer es líder en un espacio especifico, no quiere decir que la reconozcamos como superior, o más inteligente o mejor que el resto de nosotras. En el movimiento feminista, tenemos todas un rol que cumplir. Es con este tipo de conciencia que seremos capaces de confrontar la pesadilla de la globalización neoliberal.  

La globalización plantea a las mujeres, a los derechos humanos y a nuestro planeta en general, diversos retos particulares. Primero, la globalización nos está imponiendo una sola cultura en todo el mundo: la estadounidense, que es la que vemos en televisión, comemos en los centros comerciales y la forma en la que nos vestimos en la calles y lo que aprendemos en la escuela. Por eso es que con esa nueva conciencia necesitamos crear una contracultura feminista. Debemos perder el miedo a que nos tilden de auto-referenciadas, de idealistas ineficientes o de anticuadas, mujeristas, hembristas o lesbianas. Tenemos que permitirnos ser transgresoras, sin convertirnos en desobedientes útiles al sistema. Y esto sólo lo podemos hacer si nos convertimos en un movimiento feminista dedicado a construir y crear fuera de los límites que nos imponen  cuando decidimos ser eficaces, al incorporar la perspectiva de género en las leyes del estado y en las políticas públicas.

Crear esta contra cultura feminista no significa imitar la cultura misógina que nos han impuesto el patriarcado globalizado.  Concebir otra cultura no significa darle vuelta a la vieja moneda imperialista.  Implica la creación de arte, tecnologías, ciencias, lenguajes, símbolos y mitos desde nuestro verdadero ser interior, en conexión con todos los otros seres. Requiere levantar los velos que obstruyen nuestra visión clara de nosotras mismas: velos de romanticismo, tragedia griega, mitos patriarcales y culpa ancestral; velos que prohíben el placer y que no nos permiten sentir, oler, tocar, ver, escuchar o incluso soñar sobre otro mundo sin sesgos patriarcales. De nuevo, para poder alcanzar esto, necesitamos una espiritualidad que nos permita vernos a nosotras mismas como lo que somos, sin miedo, sin excusas y, sobretodo, sin juicios. 

Crear esta contracultura no será fácil y es por eso que necesitamos trabajar en grupos de concientización para poder ver colectivamente las partes vulnerables del patriarcado. Pero tenemos también que trabajar individualmente, con estrategias que nos permitan conocernos y crecer como seres humanos, tal como la meditación y  el yoga. Crear una contracultura feminista es difícil porque implica el no creer o aceptar ideas que la humanidad ha tenido durante siglos como verdades universales: la familia nuclear como la unidad básica de la sociedad; la obediencia y la  disciplina como valores que hacen mejores a las personas; la culpa dada por dios; el bien y el mal siempre reconocibles y el cuerpo separado del alma o de la mente. Además tendremos que ver cómo hemos internalizado la noción de que el placer erótico y los tratos violentos y degradantes van de la mano; que la belleza es siempre delgada y joven; y que la seguridad es más importante que la libertad. Y todas estas cosas no sólo tendríamos que entenderlas como verdades a medias o falsedades absolutas, tendríamos que sentirlas así en nuestro cuerpo.   

Decodificar nuestros sentimientos o incluso sentirlos, requiere de un sentido de derecho y de valentía. Pero el reto no es únicamente el ponernos en contacto con nuestros cuerpos convirtiéndonos en nuestros cuerpos, también es el de crear un contexto que haga posible esta conciencia y que valide nuestras respuestas. Los sentimientos individuales de enojo o indignación por lo que ha sido considerado ‘natural’ o ‘ordenado por dios’ durante siglos, requieren de una legitimidad cultural y esto sólo puede suceder si creamos esta cultura que validará nuestros sentimientos.   

Por supuesto que una contracultura feminista no sería linear ni una mono-cultura, más bien una diversidad de opiniones diferentes. De la misma manera en que hay muchos feminismos, también hay muchas utopías y muchas culturas feministas. Estas diversas Utopías, y quizás utopías en conflicto, podrían ser fuente de descontento en el futuro.  Pero si trabajamos sobre nosotras mismas, si creamos espacio al exterior y al interior de nosotras mismas donde tener debates amigables, el descontento podría ser minimizado.  Quizás al aprender a crear desde el corazón y no únicamente desde la mente, lograremos detener la competencia por la verdad.  

Un segundo reto clave de la encarnación neoliberal de la globalización es que está sustituyendo una economía basada en la producción de bienes, por una basada en la especulación.  Para tener una visión alternativa, necesitamos un movimiento feminista que ponga la reproducción humana como el tema central de todas las luchas por la justicia. En otras palabras, frente a una globalización cuyo éxito se sustenta en el desprecio por la reproducción humana, frente a una globalización que tan fácilmente pasó de sobrevalorar la producción de bienes tangibles, a súpervalorar los bienes intangibles, necesitamos un movimiento feminista que valore realmente la reproducción y que base su economía tanto en esta reproducción y la producción de bienes materiales necesarios para nuestro bienestar, sin destruir el planeta. Nuestro movimiento debe hacer ver a otros grupos que luchan contra la globalización neoliberal, que es imprescindible que todos incorporemos la gama completa de los temas de la reproducción humana, incluidos el erotismo y el placer, y también la valoración del pensamiento y cuidado maternos como parte de su visión. 

Las feministas, conocedoras de que las políticas de ajuste estructural han empobrecido más a las mujeres que ya eran pobres, no podemos pretender que el Estado neoliberal pueda realmente beneficiarnos sólo porque dan su apoyo en cuanto a la penalización de algunas formas de violencia de género o por instituir cuotas de  representación política.  El tipo de economía que el estado neoliberal esta generando, demanda que el movimiento feminista en sí sea de izquierda, socialista y apostar por la eliminación de todos los privilegios, para que el movimiento sea efectivo. Necesitamos un movimiento que parta de la creencia de que el patriarcado es odioso, no sólo porque se basa en la dominación masculina, sino también porque promueve la dominación y el control como fines en sí mismos. Tenemos que ser un movimiento que se oponga a todas las formas de dominación y que luche por crear economías y estructuras políticas basadas en principios de igualdad sustantiva.   

Cuando hablo de un movimiento de izquierda y socialista, NO estoy hablando de La Izquierda ni del socialismo de los patriarcas. Estoy hablando de la izquierda que está contra la dominación de cualquier tipo.  Estoy hablando de un socialismo que todavía no se ha dado en ninguna parte de este planeta. Si las feministas hemos tenido la paciencia de “capacitar” a nuestros gobernantes en “género” y en ‘transversalización de la perspectiva de género’, ¿por qué no vamos a tener la misma paciencia para convencer a las personas de izquierda y socialistas de que la dominación basada en el género es tan oprobiosa como la basada en la clase, la raza o cualquier otra categoría? Es más, es la más antigua de todas las dominaciones y tal vez la más difícil de erradicar. Creo que vale el esfuerzo de tomar este reto porque estoy convencida que lograremos mucho más incorporando la perspectiva de género en el socialismo que en las políticas neoliberales o en los partidos tradicionales. Así como fuimos tan exitosas en reconceptualizar los derechos humanos, la democracia, las políticas públicas para que incluyeran nuestros intereses y necesidades, no veo por qué no hemos de poder reconceptualizar el socialismo para que incluya nuestro anhelo de una sociedad sin dominación y discriminaciones contra las mujeres. Algo todavía más importante, debería incluir la construcción de una sociedad que valore el cuidado de los seres humanos, más que la producción de bienes y mucho más que la acumulación del poder.   

Hablando de deseos, estoy convencida que una estrategia poderosísima contra la globalización neoliberal sería que supiéramos cómo llenar ese vacío interior que sentimos tantas personas. Deberíamos cuestionarnos cómo es que las iglesias evangélicas, así como partidos religiosos y conservadores, están atrayendo a tantas mujeres. No propongo que les imitemos para vender a las mujeres más mentiras, como lo hacen ellos, o para crear otra religión impositiva como tantas otras, sino para entender qué es lo que ellos les ofrecen que nosotras no. Podría ser que su éxito se deba a que fabrican la ilusión de llenar ese vacío interior que nos deja la bolsa de valores. Por eso necesitamos un movimiento que haga proselitismo. Que esté dispuesto a promover las ideas y prácticas feministas de múltiples y nuevas maneras. Y algo más, necesitamos un movimiento feminista que sea relevante para las grandes mayorías de mujeres.  Y por eso pienso que nuestro movimiento tiene que ser feminista y socialista pues de lo contrario no puede eliminar las discriminaciones que sufren todas las mujeres de todas las clases. 

Un tercer elemento de la globalización neoliberal que quisiera recalcar es su tendencia a fragmentarnos aún más al promover la división entre nosotras, capitalizando nuestra diversidad. Para contrarrestar esto, necesitamos un movimiento feminista que no caiga en la trampa patriarcal de la diversidad como identidad política. Así como las mujeres no somos un grupo homogéneo, tampoco lo son las negras, las lesbianas, las indígenas, las jóvenes.   Dentro del grupo de las negras, por ejemplo, hay ricas y hay pobres, hay lesbianas, hay bisexuales y hay heterosexuales. Del mismo modo, en el grupo de las lesbianas hay chinas y hay indígenas, hay jóvenes y viejas, del Norte y del Sur, lesbianas marginadas y lesbianas con privilegios. Las identidades son infinitas y si nos centramos en ellas no podremos vencer al patriarcado, que es la raíz de nuestras particulares opresiones. En vez de luchar sobre nuestras identidades múltiples, tenemos que luchar contra la dominación, los privilegios y el control como valores que nos deshumanizan a todas. 

NO estoy diciendo que no debemos celebrar nuestra diversidad; o peor todavía, que no tenemos que reconocer que aun entre nosotras se dan el racismo, la homofobia, el etarismo, entre otros. Pero debemos hacerlo con el hilo conductor de la lucha feminista para tener siempre presente que lo que nos une es la lucha contra el patriarcado en su encarnación capitalista. Y si los valores más constantes en las distintas fases del patriarcado han sido la misoginia, la dominación y el control de todas las mujeres, tenemos que luchar contra estos disvalores, tanto fuera como dentro de todas nosotras.  Es importante que también reconozcamos que el racismo, la homofobia y la intolerancia no tienen ni género, ni sexo, ni raza, ni etnia, clase o edad. Viven en todas nosotras por más discriminadas que estemos. Por esto creo que, en vez de acusarnos mutuamente de racistas, homofóbicas, etaristas o clasistas, necesitamos hacer un esfuerzo cotidiano por eliminar los privilegios, vengan de donde vengan y estén en donde estén. 

¿Y cómo logramos esto? Creo que se logra al no pensar que nuestra experiencia es LA experiencia de todas las mujeres, y hablando o escribiendo nuestras ideas como lo que son, ideas y no verdades absolutas o divinas.  Pero también debemos reconocer que todas las ideas feministas son dignas de ser analizadas y no descartadas a priori sólo porque vienen de una mujer blanca o negra o adinerada o lo que sea.  Podemos también aprender a hablar de una manera que no excluya a otras mujeres, incluso si no se les incluye específicamente. Podemos analizar cada estrategia, cada propuesta y cada ley desde la perspectiva de diferentes mujeres para no reconstruir el racismo, el etarismo u otras discriminaciones. Pero tenemos también que entender que no es fácil eliminar de nuestras vidas el racismo u otras formas de ‘ismos’, y por lo tanto, en lugar de reaccionar a un panel, a una estrategia o a un plan de acción que ha excluido a ciertas mujeres acusando a las organizadoras, podemos proponer maneras de incluir más mujeres. También al no reírnos de bromas homofóbicas o racistas y no recomendando libros, películas o arte que excluyan a ciertas mujeres o las representen como inferiores, podemos también reducir la discriminación. Algo todavía más importante, podemos recibir ideas, arte y propuestas con amor, en lugar de desconfianza o prejuicios. Reconociendo que todas/os somos parte de un sistema que deshumaniza a algunas/os más que a otras/os y que por lo tanto, como todas/os somos responsables, también podemos ser parte de la solución.

El primer paso 

En todas mis sugerencias, no hablo de conceptos abstractos. Estoy hablando de nuestro movimiento feminista compuesto por mujeres que no sólo somos distintas en las condiciones físicas o sociales, sino distintas en las formas como hemos interiorizado el patriarcado y también en las maneras como hemos sobrevivido en él. Estoy hablando de un movimiento feminista compuesto por mujeres que tenemos que cambiar nuestras actitudes y comportamientos tanto en lo íntimo de nuestro ser como en la esfera privada o en la pública. Tenemos que recordar que nuestro movimiento busca la transformación de un sistema que no sólo existe en la esfera pública sino – y tal vez es donde esté más fuerte– en nuestra relación con nosotras mismas. Para tener éxito en nuestro objetivo, necesitamos sentir amor y respeto por las otras, pero empezando por sentirlo en nosotras mismas. Necesitamos la capacidad de ponernos en su lugar, de entendernos las unas a las otras, de llegar a acuerdos o discrepar sanamente, sin ensañarnos con la otra. Y esto sólo lo podemos hacer si nuestra relación con nosotras mismas, con nuestro ser interior, es amorosa, respetuosa y honesta. De nuevo, para ello necesitamos el camino de la espiritualidad.

Como he repetido tantas veces en este artículo, necesitamos un movimiento dispuesto a enfrentar valientemente sus errores, sus prejuicios y sus pavadas. No necesitamos un movimiento compuesto por mujeres que nos pasamos juzgándonos, acusándonos y bajándonos el piso mutuamente. Para ello necesitamos exilar la misoginia que vive en cada una de nosotras, y esto no lo podemos hacer si no tenemos la capacidad de verla, entenderla y sacarla de nuestras vidas con amor y comprensión.  El camino de la espiritualidad feminista nos puede ayudar en esto pues nos enseña a amar o al menos comprender hasta nuestro lado oscuro, porque nos permite ver que podemos aprender tanto de él. Además, cuando entendemos cómo opera la misoginia interiorizada, tenemos claves más claras para erradicarla.

El mal llamado movimiento antiglobalización está contra la globalización existente, no contra una globalización de lo mejor que ha inventado e ideado la humanidad. Por eso repiten una y otra vez el lema “otro mundo es posible” Pienso que ese movimiento necesita del feminismo y de las feministas para que ese otro mundo que sí es posible también incluya nuestros sueños de un mundo sin discriminaciones contra las mujeres, un mundo que valore el cuidado de las otras personas.  Es más, sólo con la inclusión de nuestros anhelos podrá ese otro mundo realmente ser posible. Pero para ello necesitamos un movimiento feminista fuerte en el reconocimiento de sus debilidades, unido en el respeto por su diversidad, feliz con la conciencia del dolor y amoroso porque tiene raciocinio. ¿Será esto imposible? 

Notas 

1 Noveno Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe – Resistencia Activa contra la Globalización Neoliberal, Costa Rica, 1 al 5 de diciembre de 2002. 

2 La crisis financiera que ocurrió en los mercados emergentes, empezando con  Tailandia a la mitad de 1977 para extenderse rápidamente a otros países del Oriente Asiático antes de afectar a Rusia y Brasil, expuso dramáticamente los efectos negativos causados por el flujo de capitales de corto plazo y los riesgos y peligros graves que acompañan la liberalización financiera en los países en desarrollo 

3 Para obtener información sobre este aspecto de la globalización, ver, por ejemplo, O. de Rivero (2002) The Myth of Development, the Non-viable Economies of the 21st Century (New York City: Global Issues Series, St Martin’s Press). 

4 Si en alguno de nuestros países un presidente fuera electo de la misma forma en la que Bush lo fue, Bush mismo lo utilizaría como una excusa para ‘liberarnos’ de elecciones no democráticas.  

5 ‘Plan Colombia’ fue oficialmente presentado como una estrategia diseñada por funcionarios colombianos para combatir el tráfico de las drogas y alcanzar la paz con el fin de terminar la década de los conflictos civiles, propiciar el crecimiento de la economía  y fortalecer el estado de derecho Hay críticos/as que opinan que la estrategia fue diseñada en los EUA; que la mayoría del presupuesto se está gastando en armas de contra insurgencia; y que el plan tiene como objetivo la guerrilla, el campesinado y los pueblos indígenas; además el plan está generando un amplio deterioro del medio-ambiente.  

6 Ver S. Stiglitz (1998) Globalization and Its Discontents (New York: New Press). 

7 Ver por ejemplo, L. Benería (1995) ‘Scholarly Controversy: Global Flows of Labor and Capital: Globalization Threatens Labor’s Rights’, International Labor and Working Class History 47 (Spring). 

8 Por ejemplo, se realizó una conferencia Centroamericana en Nicaragua en 2003, con expertos del Banco Interamericano, el Consejo Económico de las Naciones Unidas para América Latina y cientos de investigadores/as y académicos/as que hablaron sobre las condiciones de las mujeres después de los programas de ajuste estructural, en las maquiladoras, en el mercado informal, etc. Estos estudios pueden ser consultados en www.gtzgenero.org.ni.confergen/  (arriba)