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VALORES
HUMANOS
Ser
audaces
Cuando se me ofrece la oportunidad en cursos o charlas
no dejo de insistir en que hay que enseñar a los niños y niñas a
que sean poco a poco más ellos mismos, independientes, capaces,
responsables y audaces.
Hace poco vino a verme una amiga de años que
trabajaba en una institución pública, y me expuso su situación de
incertidumbre, dificultad y miedo ante los inminentes cambios que
iban a darse en el trabajo. Cuatro personas de su departamento,
entre las que estaba ella, habrían de ser trasladadas a otro de
mayor responsabilidad. Me sorprendió su preocupación, pues se
trata de una mujer ya madura y bien preparada académicamente.
Claro, que no ha de echarse en olvido que no hace
mucho «rompió» con sus padres y familia con los que estaba
involucrada por razones de trabajo en una empresa, y ahora se las
tiene que ver por ella sola, viviendo incluso en casa de una amiga.
Hay quienes en tales trances se estresaban mucho y
hasta se enfermaban físicamente. Otros se enfrentan a la situación
con gran entereza y audacia. O pronto recuperan la confianza en
ellos mismos.
La persona audaz, según los entendidos, lo es porque
está animada por dentro por estos componentes psicológicos:
compromiso, control y reto, especialmente éste último.
Alguien, con sentido de compromiso, fácilmente se
involucra en nuevas experiencias de manera activa y entusiasta,
dispuesto a cambiar lo que sea y sintiéndose capaz de hacerlo.
El que se siente dueño de sí y las circunstancias,
que ejerce un oportuno control sobre lo que es y hace, está
convencido de que influye positivamente en su derredor.
Finalmente, quien asume los retos que se le vayan
presentando, se agranda ante ellos por la oportunidad que se le
ofrece de superarse más y más.
Lo contrario ocurre a los que falta compromiso,
control y retos. Se alienan, son víctimas de las circunstancias,
pasivos y perezosos, cobardes y ruines. De ahí la necesidad de
suscitar y avivar en el corazón el sentido del compromiso personal
con lo que se lleva entre manos, el sentirse dueño de lo que se es
y hace y el proponerse, si es necesario, nuevos retos cuando los
anteriores han perdido su encanto y atractivo.
La gente audaz goza en general de mejor salud física,
mental y emocional; padece menos de depresiones y ansiedad,
inseguridad y desconfianza; maneja mejor su estrés, es más
independiente y segura, más activa y eficiente.
Y la gente que se ve decaída en su audacia ¿no puede
cambiar? Sí. El secreto está en acrecentar el gusto por el trabajo
con un esfuerzo sostenido y coherente, que no siempre es fácil
llevarlo a cabo. Y, según la situación, ver positivamente a
quienes están involucrados en lo que hacemos. Y superar la rutina y
la comodidad que lo debilitan a uno y lo sumen en el
descorazonamiento, la fatiga y el tedio.
En resumen: revivir en la mente y el corazón los
mejores impulsos del compromiso con algo o con alguien, el control
sobre sí y las circunstancias y el enfrentar los retos con
determinación y valentía.
(Tomado del “Eco Católico”)
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