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¿Por qué al estudiante no le gusta estudiar?

Prof. Hermann Güendell

Pregúntele a cualquier joven, en su aula, si entiende el valor y la importancia de las diversas materias que estudia en la secundaria pública de este país...  El muchacho le va a responder que no, y tal vez, el más brillante  le dirá que solo le sirve para pasar el año, pero, si esa es la única importancia que para él tiene ¿Qué tal si pierde su año? 

Uno de los fracasos radicales de nuestra educación, consiste en no capacitar al muchacho para formular una visión de totalidad que le permita encontrar valor a lo que se le enseña. No es su culpa...ni del docente, sino del sistema educativo en el que ambos están inmersos.

Por la mediocridad propia del sistema educativo, toda la instrucción se dirige ha obtener un título que se coloca por encima del ser humano. Simplemente la educación secundaria ha perdido su horizonte humanista, su vocación de guiar hacia la verdad, aproximando la inteligencia a la totalización para comprender el mundo.

Se trata, en inicio, de la ausencia de manejo de la perspectiva y la totalidad, es decir, del modo en que lo particular puede ser abordado y llevado hacia la configuración del todo. Sin ello, el joven actúa en un confuso reino de las apariencias. La verdad se le escapa, lo que estudia no tiene sentido, pues cuenta tan solo con una simple perspectiva, y con base en ella no puede más que albergar esperanzas infundadas… a eso lo lleva la educación actual.  Se le proletariza su inteligencia, el todo se le hace inalcanzable, la parte lo domina, no entiende el mundo en función de sí mismo, sino a sí mismo en función del mundo. Ideología en su peor sentido, eso es la educación clasista costarricense. 

El joven confía entonces en salir bien haciendo el mínimo esfuerzo... y repite el año. Es incapaz de discernir entre lo real y lo aparente, lo que le beneficia de lo que le perjudica. Y si no sabe hacer esto tan básico ¿De qué le sirve todo aquel saber que le han enseñado?... ¿Será que no era conocimiento lo que aprendió? Y si lo era  ¿Por qué no lo puede aplicar? El conocimiento es aplicable, y si no, es vulgar erudición. Erudición  que solo nos lleva a desperdiciar la riqueza de la vida, como si fuera el Fausto de la brillante obra de Goethe.

En la secundaria nacional la simple perspectiva se afirma como algo absoluto. Resulta entonces que la química se entiende separada de la biología, de la física, la matemática, la historia, el idioma. Pero todas ellas no son más que perspectivas, que no agotan por sí solas la complejidad de la realidad a la que nos enfrentamos. El principal defecto de la educación secundaria pública en Costa Rica consiste en una descoordinación curricular, que impide al joven ver la utilidad de, y lo interesante que resultan, los estudios que debe llevar, porque no puede comprenderlos dentro de una totalidad útil.

Si la química no lo lleva a la biología, y ésta a la historia, a la lengua, a la filosofía y a las bellas artes, simplemente no lo lleva a nada. La perspectiva, la materia específica, no es más que eso, y no lo lleva a más que eso. Habrá entonces que integrarla en un proyecto coordinado de totalización para que el joven logre una valoración del conocimiento por su utilidad diaria, este sería único medio para superar de modo efectivo, la desmotivación existente en relación al estudio.

Por su complejidad, toda realidad debe ser vista desde distintas perspectivas, y solo si lográramos unificarlas en un discurso único de conocimiento podríamos tener acceso a su verdad. Solo sobre la totalidad de las perspectivas podemos emitir un juicio verdadero. Y solo a esa verdad le podemos llamar conocimiento.

Debemos crear, entonces, una educación que supere la simple perspectiva. En la  que, de un modo coordinado, se invite al joven a desarrollar una síntesis, en la que él reconozca el verdadero valor del conocimiento. Verdadero porque le es útil, aplicable a lo diario.

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