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“LA VIOLENCIA EN EL ÁMBITO ESCOLAR” *
Fabiola Bernal Acevedo Desde hace algunos años el tema de la violencia en el ámbito escolar es un fenómeno que viene preocupando a la sociedad costarricense. La violencia es un fenómeno multicausal, que amerita por consiguiente ser analizada desde cada una de sus manifestaciones para poder tener una idea integral de los factores que intervienen en ella. Cuando se aborda el tema de la violencia en los centros educativos o contextos escolares acude al imaginario colectivo situaciones de violencia cotidiana que en ellos se presenta, tales como: ofensas verbales, agresiones físicas, malos tratos, discusiones, insultos, entre otros. existe otro tipo de violencia, menos visible que la anterior, pero que en su paso acarrea marginación, desesperanza y falta de oportunidades, convirtiéndose en una mano silente que atenta contra la esencia misma del ser humano, es este el caso de la violencia institucional que proviene de las limitaciones estructurales que enfrenta el sistema educativo, alguna de sus manifestaciones pueden ser: - La insuficiencia de infraestructura, especialmente en secundaria, que generan hacinamiento, carencia de zonas verdes y espacios recreativos; aulas pequeñas en comparación con el número de estudiantes; deterioro de los servicios sanitarios, ausencia de áreas para el deporte, entre otras. - Situaciones de exclusión del sistema educativo, particularmente grave al inicio del tercer ciclo (séptimo año). En muchos colegios de secundaria de zonas urbano marginales, es común que si hay 18 grupos de séptimo, haya 9 grupos de octavos y cinco de noveno, tres de décimo y finalmente uno de undécimo; con un promedio de disminución del 50% entre un nivel y otro. - Las relaciones de poder al interior de los centros educativos y el marcado carácter autoritario genera también situaciones de mucha tensión que tienden a resolverse en forma violenta. El fenómeno del incremento de la violencia en los centros educativos, no sólo se vive en Costa Rica, según Rocío Lleó Fernández (2004), esta situación ha adquirido, desde los años setenta, una magnitud apreciable en países como Estados Unidos, Suecia, Noruega y Reino Unido, con fenómenos como las masacres en centros educativos que han conmocionado al mundo entero. En Costa Rica, su incidencia es menor, pero empiezan a detectarse, cada vez más, manifestaciones preocupantes como consecuencia de la crisis social, cultural y familiar que enfrenta el país. Los actos violentos están sujetos a un gran sistema de relaciones interpersonales donde las emociones, los sentimientos y los aspectos cognitivos están presentes y configuran parte del ámbito educativo. Asimismo están ligados a las situaciones familiares de cada estudiante y al ámbito social del centro educativo. El problema se incrementa cuando se aborda la resolución del conflicto a través del ejercicio de la autoridad, de métodos coercitivos, represivos y punitivos; en donde el conflicto es visualizado desde la perspectiva del castigo y no como un motivo de aprendizaje Sin embargo, más allá de las aulas, la violencia en los centros educativos es un fenómeno estructural, que proviene de la situación de la sociedad en general tanto a través de los hechos violentos que cotidianamente informan los medios de comunicación: Guerras, asesinatos, violaciones, entre otros, como de la utilización de la violencia en forma intensiva en los juegos y películas, a través de películas, video juegos, Internet, etc. cualquier persona en nuestro planeta puede recibir un exhaustivo entrenamiento en el ejercicio de la violencia, cono se hacen bombas, como se planifican secuestros y todo lo que se desee. Seria interesante preguntarse si alguna persona deseara informarse o capacitarse en el ejercicio de la paz y la convivencia donde puede conseguir información. Adicionalmente en los centros educativos, la violencia no es solo entre pares, también se presenta de los docentes a los estudiantes y viceversa. Y si miramos con detenimiento, la relación entre los y las docentes es generalmente bastante tensa y que decir entre docentes y directivas o entre el personal administrativo (secretarias, auxiliares, conserjes, guardas) entre ellos y las otras poblaciones. En términos generales podría decirse que los centros educativos se han convertido en un campo de batalla de todos contra todos, situación que no es exclusiva de Costa Rica, todo lo contrario a pesar de que en el país la situación es bastante grave, esto es relativo al compararlo con la magnitud del fenómeno en países desarrollados especialmente en Estados Unidos, lo cual no es para consolarse sino para plantearse la urgencia de desarrollar programas de intervención lo más pronto posible. Programas que promuevan una CULTURA DE CONVIVENCIA, que permitan la utilización de las mas variadas técnicas alternativas de resolución de conflictos entre los diversos actores del sistema educativa, para mejorar su funcionamiento interno y también como escuela para la construcción de una cultura ciudadana que aporte a la reconstrucción de las relaciones entre los seres humanos y aporte a la paz. REFERENTE CONCEPTUAL Son múltiples y variadas las posturas de teóricos que han abordado el tema de la violencia, no existe una homogeneidad de criterios con relación al tema, la psicología, la pedagogía, la sociología y en general las ciencias sociales aportan valiosos elementos desde su propia experticia. En relación a estos temas se han acuñado diversos conceptos entre los cuales se destacan: "VIOLENCIA ESCOLAR"Para Juan Manuel Moreno Olmedilla (2000) una de las primeras dificultades que enfrenta quién analiza los fenómenos de violencia en la escuela es la imprecisión en el lenguaje. No se debe considerar dentro de la misma categoría: un insulto, un episodio de vandalismo; una agresión física con un arma, entre otras. Según este autor “existe una clara tendencia en la opinión pública y tal vez entre muchos profesores (quienes, no lo olvidemos, son los principales creadores de opinión sobre la enseñanza y los centros escolares) a «meter todo en el mismo saco» y a entender, de manera simplista, que se trata de manifestaciones distintas de un mismo sustrato violento que caracterizaría a los niños y jóvenes de hoy. A pesar de ello, puesto que muchos fenómenos no pueden considerarse propiamente como violentos, entiendo como más inclusiva y adecuada la expresión de comportamiento o conducta antisocial en las escuelas. Así, en mi opinión, son seis los tipos o categorías de comportamiento antisocial entre los que debemos diferenciar: A: Disrupción en las aulas B: Problemas de disciplina (conflictos entre profesorado y alumnado) C: Maltrato entre compañeros («bullying») D: Vandalismo y daños materiales E: Violencia física (agresiones, extorsiones) F: Acoso sexual La disrupción en las aulas constituye la preocupación más directa y la fuente de malestar más importante de los docentes. Su proyección fuera del aula es mínima, con lo que no se trata de un problema con tanta capacidad de atraer la atención pública como otros que veremos después. Cuando hablamos de disrupción nos estamos refiriendo a las situaciones de aula en que tres o cuatro alumnos impiden con su comportamiento el desarrollo normal de la clase, obligando al profesorado a emplear cada vez más tiempo en controlar la disciplina y el orden. Aunque de ningún modo puede hablarse de violencia en este caso, lo cierto es que la disrupción en las aulas es probablemente el fenómeno, entre todos los estudiados, que más preocupa al profesorado en el día a día de su labor, y el que más gravemente interfiere con el aprendizaje de la gran mayoría de los alumnos de nuestros centros. Las faltas o problemas de disciplina, normalmente en forma de conflictos de relación entre profesores y alumnos, suponen un paso más en lo que hemos denominado disrupción en el aula. En este caso, se trata de conductas que implican una mayor o menor dosis de violencia —desde la resistencia o el «boicot» pasivo hasta el desafío y el insulto activo al profesorado—, que pueden desestabilizar por completo la vida cotidiana en el aula. Sin olvidar que, en muchas ocasiones, las agresiones pueden ser de profesor a alumno y no viceversa, es cierto que nuestra cultura siempre ha mostrado una hipersensibilidad a las agresiones verbales —sobre todo insultos explícitos— de los alumnos a los adultos (Debarbieux, 1997), por cuanto se asume que se trata de agresiones que «anuncian» problemas aún más graves en el caso futuro de no atajarse con determinación y «medidas ejemplares». El término «bullying», de difícil traducción al castellano con una sola palabra, se emplea en la literatura especializada para denominar los procesos de intimidación y victimización entre iguales, esto es, entre alumnos, compañeros de aula o de centro escolar (Ortega y Mora-Merchán, 1997). Se trata de procesos en los que uno o más alumnos acosan e intimidan a otro —víctima— a través de insultos, rumores, vejaciones, aislamiento social, motes[1], etc. Si bien no incluyen la violencia física, este maltrato intimidatorio puede tener lugar a lo largo de meses e incluso años, siendo sus consecuencias ciertamente devastadoras, sobre todo para la víctima. El vandalismo y la agresión física son ya estrictamente fenómenos de violencia; en el primer caso, contra las cosas; en el segundo, contra las personas. A pesar de ser los que más impacto tienen sobre las comunidades escolares y sobre la opinión pública en general, los datos de la investigación llevada a cabo en distintos países sugieren que no suelen ir más allá del 10 por ciento del total de los casos de conducta antisocial que se registran en los centros educativos. No obstante, el aparente incremento de las extorsiones y de la presencia de armas de todo tipo en los centros escolares, son los fenómenos que han llevado a tomar las medidas más drásticas en las escuelas de muchos países (Estados Unidos, Francia y Alemania son los casos más destacados, como cualquier lector habitual de prensa sabe). El acoso sexual es, como el bullying, un fenómeno o manifestación «oculta» de comportamiento antisocial. Son muy pocos los datos de que se dispone a este respecto. En países como Holanda (Mooij, 1997) o Alemania (Funk, 1997), donde se han llevado a cabo investigaciones sobre el tema, las proporciones de alumnos de secundaria obligatoria que admiten haber sufrido acoso sexual por parte de sus compañeros oscila entre el 4 por ciento de los chicos de la muestra alemana y el 22 por ciento de las chicas holandesas. En cierta medida, el acoso sexual podría considerarse como una forma particular de bullying, en la misma medida que podríamos considerar también en tales términos el maltrato de carácter racista o xenófobo. Sin embargo, el maltrato, la agresión y el acoso de carácter sexual tienen la suficiente relevancia como para considerarlos en una categoría aparte”. CONTEXTO NACIONAL En Costa Rica la violencia en la población infantil y adolescente ha aumentado significativamente en los últimos años. Un ejemplo de esta situación es el incremento de tensiones y la resolución de conflictos por la vía violenta en el ambiente escolar y colegial. A nivel nacional ha aumentado el número de denuncias tanto de alumnos y alumnas como de padres y madres, profesores y personas trabajadoras en las instituciones educativas, sobre hechos de agresión y violencia en los alrededores y al interior de los mismos centros educativos. En el año 2002, el departamento de estadísticas del MEP, solicitó en la encuesta de matricula final, el registro de información sobre aspectos relacionados con violencia en los centros educativos. Esta información fue analizada por dicho departamento y ofrece unas cifras que ratifican la preocupación por el fenómeno. Teniendo en cuenta que el tema es nuevo, que la encuesta es la primera vez que solicitaba esta información y que no siempre las directivas de los establecimientos tienen acceso al conjunto de la información de este tipo de hechos, en especial los que se realizan en las afueras de los establecimientos o que no se convierten en tema de registro disciplinario, es bien significativo que en un solo un año, a través de estos informes se hayan reportado 87.904 agresiones, un promedio de 439 agresiones al día, tomando en cuenta los 200 días lectivos. Los 83.609 casos de agresión entre estudiantes se presentan en todos los niveles del sistema educativo, distribuidos así: en preescolar se registra el 12.64% de los casos, en primaria el 63.34% y en secundaria el 24, 01 %. Sin embargo considerando que la población de estudiantes en el año 2002 fue en primaria: 536.104 estudiantes, en secundaria 257.193 y en preescolar 97.921; en los tres niveles de conserva una relación promedio de una agresión identificada por cada 10 estudiantes que participan en el respectivo nivel educativo. Un aspecto interesante es que el informe no solo registre agresiones entre estudiantes, sino que también se presenten datos de 4.549 agresiones entre estudiantes y profesores. (El informe no precisa si son de estudiantes a profesores o de profesores a estudiantes, muy seguramente es el primer caso). De estas agresiones: 245 fueron en preescolar, 2.530 se registraron primaria y 1.515 en secundaria, de igual forma se presenta un fenómeno estadísticamente representativo en los tres niveles de población. En relación al tipo de agresión en los tres niveles los informes reportan: una predominaría de las agresiones verbales, en un promedio de 59.4%, las físicas en un 39%, las escritas en un 12.9%, robos un 12.7%, destrucción de materiales el 9.4% y otros 1.2% Finalmente llama la atención que según el MEP, del total de las agresiones el 36.2 % se da fuera de la institución, lo que significa que el 63.8% de las situaciones de agresión registradas en los informes se presentaron dentro de los establecimientos educativos, con la siguiente distribución: 34.1% en los pasillos, 26.0% en el aula y el resto en el comedor (6.7%), los baños (4.3%) y gimnasios (3.9%). Todas estas cifras expresan niveles altos de agresión intraescolar en todos los segmentos del sistema educativo, y aun se requeriría profundizar en ellas, debido a que habría que analizar que tanto se logra documentar la agresión que se da fuera de la institución, en sus afueras y en lugares como los baños, estos últimos que en la mayoría de los establecimientos son un lugar privilegiado de agresiones verbales ocupan un lugar poco destacado en los informes. Sobre sanciones disciplinarias, el informe del departamento de estadística del MEP registra 5.549 expulsiones de las cuales 4.723 fueron temporales y 175 fueron definitivas. De las expulsiones definitivas el 70,9% corresponden a estudiantes que cursaban secundaria, 25.1% en primaria. Culmina el informe diciendo: “Relacionando el total de expulsiones con la matricula inicial, se tiene que de cada 100 niños y niñas matriculados en I y II ciclo, 5 fueron expulsados del sistema educativo; mientras que en los colegios fueron expulsados 7 de cada 100”[2] Lo cual indica una relación creciente, entre los problemas de violencia y la expulsión temprana del sistema educativo. Según datos del periódico La Nación, “en el año 2002 se registraron 83.800 casos de violencia estudiantil. Debido a estos números el Ministerio de Educación propuso cambios en el reglamento de conducta y evaluación, sin embargo las modificaciones realizadas no fueron de fondo sino de forma”[3]. Y otro periódico nacional escribe: “El 20 de agosto del 2006, en la escuela San Blas de Moravia un grupo de estudiantes de sexto grado, exigió la salida de la directora por supuestos abusos”[4] OTRAS FUENTES: Además del departamento de estadísticas del MEP, otras entidades publicas y privadas han venido expresando su preocupación por la problemática, entre ellas destacamos: LA OFICINA DE INVESTIGACIONES JUDICIALES Según la OIJ, a partir de 1997, esta institución viene recibiendo denuncias de situaciones de violencia en los establecimientos educativos, la cual se viene agravando cada año. Según sus datos en el año 2003, la Policía Judicial atendió un promedio de 5 a 10 casos por mes, los casos mas graves registrados son: 17 de octubre del 1997, un estudiante del Liceo del sur es herido a bala por compañero 9 de mayo del 2001, un estudiante del Liceo Vargas Calvo hirió con un puñal a dos compañeros Febrero 2003, en el Liceo Regional de Flores en Heredia en una riña un estudiante pierde el conocimiento y debe ser trasladado de emergencia al hospital. 15 de mayo del 2003, muere asesinado por un compañero un estudiante del Liceo de Venecia de Matina[5] 16 de febrero del 2004, dos niñas de 10 y 11 años resultaron heridas al dispararse por accidente un arma que estaba, al parecer, dentro de un bulto de un compañero, en la Unidad Pedagógica de La Florida de Tibas. San José. 30 de agosto del 2005, el director del Liceo Mauro Fernández, fue agredido por unos estudiantes[6]. 17 de marzo del 2006, una alumna del Liceo Experimental Bilingüe de Moravia, fue atacada por 4 estudiantes, dos de las cuales le cortaron el rostro con un vidrio, razón por la cual fueron arrestadas y se les aplicó la Ley Penal Juvenil, que rige a partir de los 12 años. OFICINA DE LOS DERECHOS DE LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA Según un articulo publicado en la prensa nacional “De enero a agosto del 2006, la oficina de los Derechos de la Niñez ha recibido un total de 65 denuncias de agresión en escuelas y colegios. Esta cifra desglosada corresponde a 42 casos de agresión psicológica, 15 de agresiones entre estudiantes, 6 de abuso sexual y 2 de alumnos agredidos por docentes. Los casos más recientes ocurrieron en el Colegio Brenes Mesén y la escuela Republica de Venezuela, donde dos alumnos resultaron heridos al ser atacados con cuchillas por sus propios compañeros. Rocío Solís, coordinadora de esta oficina, explicó que a los alumnos imputados por las agresiones a compañeros se les aplica lo que estipula la Ley Penal Juvenil si son mayores de 12 años. La funcionaria recalcó que en el caso de posibles abusos físicos, verbales y sexuales que se achacan a educadores, se les ha separado de sus cargos o fueron reubicados en puestos administrativos mientras se los investiga. Ellos reciben salarios”[7].. LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE EDUCADORES
La revista No. 53, del año 2004, presenta en la portada un articulo
titulado: En el texto expresan: ”Ahora la violencia va a clases y ocupa un lugar en las aulas, atemorizando a los alumnos y atando de manos a los maestros, quienes no pueden defenderse porque es simplemente imposible emprender alguna acción contra un estudiante, aunque sea para defender su propia integridad, sin que el remedio sea peor que la enfermedad” Recoge entrevistas con padres de familia, una de las cuales opina: “…el mal comportamiento en escuelas y colegios se agudizó desde que existen los Derechos de los Niños, mal interpretados porque los menores no quieren reconocer que los derechos conllevan deberes” La preocupación de los educadores/as, padres y madres de familia es comprensible, así como los es la de los niños, niñas y adolescentes que ven en medidas de mayor represión una salida inmediata a la problemática, sin embargo es necesario buscar alternativas que permitan trabajar creativamente los conflictos y hacer de ellos una oportunidad de crecimiento. ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE SEGUNDA ENSEÑANZA. APSE Preocupada por la situación de violencia en los centros educativos la APSE, pública en la prensa nacional en el año 2006, un aviso de prensa con el siguiente texto: LA ASOCIACION DE PROFESORES DE SECUNDARIA. APSE Con respecto a la violencia que afecta centros educativos costarricenses MANIFIESTA QUE:
Por lo tanto: 1- Demandamos a la prensa nacional, informar al país de las tareas que se han iniciado en las instituciones para hacerle frente a posibles problemas de violencia en nuestros centros educativos, tanto de primaria como de secundaria. 2- Exigimos mayor seguridad a las autoridades educativas y a las instituciones del Gobierno relacionadas con la niñez y la adolescencia, que se pronuncien sobre los hechos y, que asuman sus responsabilidades. 3- Proponemos a dichas autoridades, la creación de una comisión permanente para valorar y definir estrategias y planes a corto, mediano y largo plazo para prevenir y contrarrestar la violencia en los centros educativos, con la debida participación de padres de familia, docentes y estudiantes afectados o interesados. 4- Que se observen las acciones antes descritas como un componente más de los procesos de enseñanza-aprendizaje contemplados en los 200 días lectivos, para que docentes y administrativos combinen sus tareas con aquellas medidas que sean pertinentes para salvaguardar la seguridad de los y las estudiantes y de los trabajadores de la educación en todos nuestros centros de educación. 5- Exigimos que en cada centro educativo haya un psicólogo que trate la problemática estudiantil, ya que la atención de los orientadores es insuficiente. Por lo anterior, deben tomas medidas presupuestarias para darle contenido a este aspecto. Para la elaboración de este documento se tomaron en cuenta algunos puntos del manifiesto que hicieran llegar los directores de ambas instituciones. APSE: ¡por una mejor educación para todos! , ¡no a la violencia estudiantil!
Lic. Jesús Vásquez Quesada. Presidente OPINION DE LAS ONGs Varias ONGs que trabajan en Costa Rica por los derechos de los niños, niñas y adolescentes han expresado su preocupación por la violencia en los centros educativos, a continuación se transcribe apartados del articulo publicado por la Lic. Virginia Murillo Presidenta de DNI-Costa Rica y de la Red de Organizaciones de la Infancia COSECODENI, en el año 2004: “Cuando los muchachos manifiestan violencia, es necesario mirar más allá y ver qué está pasando por sus mentes y corazones, en sus casas, en sus comunidades, en sus patrones de crianza, en nuestra sociedad. Hay que trabajar con los padres y las madres, atender las dificultades y necesidades de los niños, niñas y adolescentes, promover soluciones efectivas a los conflictos; es decir, hay que trabajar de manera integral en la prevención de la violencia en los diferentes niveles y manifestaciones, y evitar reaccionar con fórmulas que violan derechos humanos y lesionan la dignidad. Es necesario generar políticas públicas que promuevan la inclusión social, que garanticen mayor y mejor acceso y oportunidades para todos y todas. Esto es educación. Solo por esta vía se avanza en la prevención de la violencia doméstica, la violencia juvenil, la xenofobia y demás violencias de las que niños, niñas y adolescentes son las principales víctimas.”[8] FACTORES QUE INTERVIENEN EN LA VIOLENCIA ESCOLAR Múltiples factores se combinan en los centros educativos en Costa Rica, generando situaciones violentas entre pares (estudiantes) al interior del cuerpo docente y entre estudiantes y docentes. Entre ellos destacan los siguientes:
Debido a los altos niveles de migración extranjera en Costa Rica se han incrementado actitudes xenofóbicas que se reflejan en la escuela, que se conjuga con las tradicionales discriminaciones regionales existente en el país, entre lo urbano y lo rural y entre las personas oriundas del Valle central y del resto de las Provincias (Guanacaste, Limón y Puntarenas)
Los estereotipos culturales de fealdad (gordo, bajo de estatura, negro, de rasgos indígenas, con espinillas y acné…) impactan mucho a los y las adolescentes, así como los estereotipos de belleza construidos tanto a nivel cultural como comercial y política. Estos estereotipos impactan en las relaciones interpersonales al interior de los centros educativos y generan situaciones de agresividad y maltrato entre sus miembros.
En un espacio donde predominan adolescentes, las vivencias sexuales son elementos que generan tensiones tanto entre pares, como entre los adultos que les acompañan y que reflejan los conflictos y traumas que se vive desde el mundo adulto en torno al tema de la sexualidad.
Como en muchos espacios sociales en Costa Rica, la agresividad entre los seguidores de los diversos equipos se viene incrementando cada vez más y esta situación no excluye a los centros educativos
En las instituciones educativas; quienes obtienen un rendimiento escolar superior a la media, son víctimas de discriminaciones y tensiones dado que, son llamados “verdes” o “nerdos”. De la misma manera las personas con necesidades educativas especiales y quienes repiten o tienen bajo rendimiento, son igualmente objeto de burlas y menosprecio.
A pesar de las campañas realizadas aun no se superan discriminaciones a personas que enfrentan situaciones de este tipo sean docentes, directores o estudiantes.
Aunque se ha trabajado en las relaciones de género, aun los patrones “machistas” siguen teniendo presencia y generando agresiones, de igual forma las relaciones entre los más pequeños (“mostacillas” se les denomina) con las y los estudiantes de los años superiores, se resuelven muchas veces de forma agresiva y violenta. Fuera de estas expresiones de violencia intraescolar, se viene presentando, en menor medida problemas delictivos en los alrededores y en ocasiones al interior de los centros educativos tales como: porte de armas, distribución de drogas, asaltos y luchas entre “barras” que encuentran caldo de cultivo en un ambiente de cotidiana agresividad. CONCLUSIONES INICIALES Los comportamientos violentos, intimidaciones y agresiones que se presentan en los espacios educativos requieren de un abordaje integral, en su mayoría no responden solo a las dinámicas de violencia familiar sino que tienen una estrecha relación con el entorno socio-económico y cultural. Los centros educativos en su conjunto es decir, docentes, personal administrativo, padres, madres y adultos con personas menores de edad a cargo, necesitan afrontar el desafío de la violencia intra-escolar, de manera integrada, democrática, en espacios donde todos y todas puedan sentirse representados, escuchados, transformando los espacios y situaciones que hoy son fuente de graves conflictos. En términos educativos, en las escuelas existen pocas experiencias de educación en derechos que contemplen de manera global, tanto el ejercicio de los mismos como la formación, a través de la práctica, de nuevas formas de comportamiento que garanticen que efectivamente se construyen ciudadanos y ciudadanas con nuevas actitudes democráticas y responsables. Los y las estudiantes no participan activamente en los procesos de planificación de la enseñanza y aprendizaje en sus instituciones educativas, no tienen suficiente acceso a su formación como personas con el conocimiento y ejercicio pleno de sus derechos y responsabilidades y no están en la posibilidad de solucionar sus problemas de manera formativa e integral, porque desconocen mecanismos alternativos para la solución de sus conflictos. La Justicia Restaurativa es un paradigma que seria de gran utilidad para aplicar para realizar intervenciones exitosas de manejo del conflicto en los centros educativos
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El presente documento retoma elementos de loa materiales desarrollados
para el proyecto Semilleros de Convivencia. DNI. Costa Rica y con la
realización de Círculos de Dialogo con docentes de sexto y sétimo
grado en el Proyecto “Enganchate al cole” de la Fundación
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